Utiliza tu mente para activarte y desafiar lo que dispone tu ADN

Un estudio reciente concluyó que si la gente cree que tiene una propensión genética a ciertas características de salud, como la tendencia a comer de más o la poca capacidad para hacer ejercicio, sus organismos actúan hacia ese camino. Incluso si su ADN realmente no tiene esas características genéticas.

Esta tesis hace revolucionar las ideas sobre qué tanto afectan los genes en nuestro bienestar o si el pensamiento es más poderoso para influir en nuestros límites y capacidades.

Muchas personas en la actualidad optan por realizarse pruebas de ADN con o sin prescripción médica previa con el objetivo de revelar datos sobre su legado en términos de salud; conocer si se es vulnerable a subir de peso, si les es factible metabolizamos algunos alimentos y si se tiene mayor o menor riesgo de contraer una amplia variedad de enfermedades.

Lo cierto es que la verdad de estos reactivos y sus resultados sigue siendo inexacta.

Sin embargo, en el estudio publicado en Nature Human Behavior, los investigadores de la Universidad de Stanford se dieron a la tarea de engañar a un grupo amplio de hombres y mujeres con mentiras sobre sus genes, al menos de manera temporal para analizar los impactos psicológicos al saber que se tiene una probabilidad genética.  

Más de 200 hombres y mujeres sanos, interesados en saber qué dietas o programas de ejercicio eran más adecuados para ellos según su genotipo, otorgaron una prueba de su saliva y se les dividió en dos grupos.

Un grupo hizo una prueba en caminadora para medir su consumo de oxígeno y capacidad pulmonar; el otro grupo se enfocó a la dieta al consumir una comida líquida de 480 calorías con la que describirían su nivel de saciedad, y luego se les extrajo sangre para examinar los niveles de hormonas relacionadas con la sensación de saciedad de la gente.

En una cita posterior los colaboradores vieron los supuestos resultados de sus pruebas genéticas. Algunos del grupo del ejercicio se les dijo que tenían una variante genética que hace a la gente propensa a tener menor resistencia, dificultades con el ejercicio prolongado, esta variante sí existe y está asociada con una respuesta baja al entrenamiento de resistencia, pero la mayoría de los participantes a los que se les dijo que eran portadores de este gen en realidad no lo eran.

Así también los científicos dijeron a algunas de las personas del grupo de la dieta, engañosamente, que tenían una variante genética que podía hacerlos sentir menos satisfechos y por lo mismo serían propensos a comer más, a otros se les dijo que la variante de su gen los haría sentir satisfechos muy pronto y por tanto tendrían menos probabilidades de sufrir sobrepeso y obesidad.

Tiempo después los voluntarios repitieron las pruebas de ejercicio y dieta. Los resultados revelaron que los del grupo del ejercicio a quienes se les dijo que sus genes hacían que no respondieran bien al ejercicio se cansaron más rápido que en la primer experiencia, su capacidad pulmonar y consumo de oxígeno bajó mucho.

En el grupo de la dieta, los que creyeron tener la variante protectora del gen del apetito se sintieron más llenos que la primera ocasión, sus organismos produjeron más hormona de saciedad.

En ambos casos, las creencias psicológicas sobre sus propensiones genéticas alteraron las reacciones fisiológicas a las pruebas médicas.

Lo más sorprendente fue que después los estudiosos compararon los efectos físicos de tener la variante genética contra solo creer que se tiene y para ello, en la primera ronda de pruebas –antes de que la gente supiera algo de sus propensiones genéticas— hicieron una relación de qué tanto el consumo de oxígeno y la capacidad pulmonar eran menores si tenían la variante genética poco deseable, y qué tanto su saciedad y excreción de hormonas del apetito eran mayores si tenían la variante más codiciable relacionada con el apetito.

Para cualquiera de los casos, la variante tenía el impacto esperado en los cuerpos de las personas, aunque el efecto era menor.

De hecho, resultó que los impactos físicos en la resistencia y saciedad con frecuencia eran más considerables entre los voluntarios que creían que poseían la variante genética y no entre los que en realidad sí la tenían.

Es así que gracias al estudio se llegó a la conclusión de que “La gente tiende a atribuirles más poder a los genes de lo que deberían”, afirma Bradley Turnwald, doctor en Stanford quien realizó el estudio junto con la autora principal, Alia Crum, y otros más.

Las actitudes o expectativas mentales que tenemos sobre nosotros mismos tienen un papel igual de importante, o más, que el ADN para dar forma a las reacciones de nuestro organismo ante la dieta y la actividad física; es por ello que en Queremos Mexicanos Activos te invitamos a que no dejes de activarte todos los días e ingieras una dieta balanceada con el fin de mantenerte en bienestar, independientemente de los que dispongan tu genes.

En cuanto a los voluntarios del estudio, al final se les explicó todo y se les dieron los resultados reales de las pruebas genéticas.

Fuente: www.nytimes.com

 

 

Publicado el 18 de enero de 2019 | 2:41 pm